miércoles, 20 de febrero de 2008

El auge y los problemas de la mediación en Chile


Domingo 17 de febrero de 2008

La desconocida y silenciosa expansión de la llamada "justicia ciudadana":
Desde comienzos de los '90 la mediación ha comenzado a instalarse en distintas instancias públicas y privadas. Áreas como salud, trabajo, educación, barrios, comercio, mundo indígena y justicia familiar ya cuentan con unidades dedicadas a recibir los conflictos que no quieren pasar por tribunales. Sus ventajas son evidentes si se comparan con un juicio formal: más rápidez, menor costo, emocionalmente más sano y descongestiona el atochado Poder Judicial. Pero su fracaso más evidente ha sido en los tribunales de familia, donde la opción de acudir a un mediador apenas es ocupada por la gente: En 2006 sólo el 1,9% de las 408 mil causas ingresadas a los tribunales de familia pasaron a mediación. Y eso que el Gobierno gastará este año casi $1.000 millones para financiar esta alternativa.



RODRIGO BARRÍA REYES

Mediación indígena:

Arauco domado en una mesa

Segundo Toro Marín es un viejo mapuche de rostro grandote y oscurecido que ha vivido desde siempre en la comunidad Pedro Melín, en Traitraico, comuna de Freire.

Él ha ingresado a una de las oficinas de mediación que la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) mantiene en Temuco con un fin preciso: quiere donar 250 m2 de su pequeña hijuela de casi dos hectáreas a la Iglesia Apostólica Internacional. Lo acompañan Arturo González, pastor del templo, y dos ayudantes de la congregación que están dichosos.

Segundo tiene cuatro hijos y ninguno de ellos sabe que donará parte de lo que a ellos, tras su muerte, les correspondería. "Mejor hacerlo ahora que ya muerto. No importa si después se enojan. Ya no voy a estar", concluye.

Es martes en la mañana, y las oficinas de mediación de la Conadi presentan un movimiento vertiginoso. Hasta ellas arriban los mapuches en conflictos por tierras o bien para adelantarse, como Segundo Toro, y evitar futuros problemas con sus predios.

A cargo de la Unidad de Mediación está Lohengri Ascencio, un abogado con aspecto nórdico y dominio del mapudungun, quien, desde hace casi una década, se encarga de arreglar amistosamente las disputas de los indígenas. "Es una continuación de la típica forma en que ellos resolvían sus conflictos. Antes era el lonko, pero ante su creciente desaparición, han encontrado aquí el reemplazo a la tradición de arreglar de manera interna sus disputas", dice.

La Ley Indígena estableció en 1993 las condiciones para solicitar el servicio: que exista un conflicto sobre tierras en que una de la partes sea mapuche. Es decir, puede que la tierra no sea mapuche y que la contraparte no sea indígena, e igual se puede acudir a la instancia.

Por eso es que por la Unidad de Mediación han pasado personajes como el propio obispo de la Araucanía y el entonces senador Jorge Lavandero, ambos por tener disputas de predios con mapuches. Y varias empresas forestales han optado por esta instancia para salvar los problemas y actos de violencia que han tenido con algunas comunidades.

Los lunes y martes se atienden los casos más simples; los miércoles, las situaciones más complejas, y jueves y viernes se viaja a terreno.

Mientras que en las mediaciones sencillas se puede tardar dos o tres reuniones para llegar a un acuerdo, las difíciles pueden tomar dos años.

Para realizar su labor, la unidad de la Conadi cuenta con un traductor, dos topógrafos (quienes, por la recarga de peticiones de visitas a terreno acuden tres o cuatro meses después de la solicitud) y apenas una camioneta que no fue entregada por el Gobierno, sino por una organización pacifista alemana.

¿Cómo son los mapuches en una negociación? "Son duros, especialmente cuando se trata de sus tierras", contesta Lohengri.

Cinco mil casos han sido tramitados en la Unidad de Mediación desde su creación. De los acuerdos logrados, cerca del 80% son respetados.

Mediación vecinal:

Los barrios pacificados

Mirtha Aros y Gloria Guerrero son viejas amigas. Mujeres ya mayores, se conocen desde niñas, y así de cercanas han seguido por años en el sector de Placilla, en las afueras de Valparaíso.

Viven a una cuadra de distancia, sólo separadas por una empolvada arteria local. Pero esa amistad que parecía indestructible se quebró el pasado 12 de abril, cuando la hija de Gloria fue mordida por uno de los fieros canes que Mirtha tiene en el patio de su casa. Desde entonces el vínculo se vio truncado por el tarascón del perro en la pierna de Nicole. Sólo se volvieron a hablar cuando carabineros llegó con una citación de la fiscalía a casa de Mirtha.

Las mujeres, eso sí, no fueron a un tribunal. El fiscal pensó que no era un asunto mayor, por lo que no tenía sentido incorporarlo al burocrático sistema judicial y las mujeres se sentaron junto a una mediadora de la Corporación de Asistencia Judicial de Valparaíso.

En dos sesiones, Mirtha se comprometió a pagar los $18.370 en medicamentos que había gastado su amiga y recuperaron la amistad que habían perdido. "Yo no tenía idea de que existía esto de la mediación, pero me pareció un muy buen sistema. Sirve para arreglar los líos entre vecinos de manera rápida", recomienda Mirtha.

Desde que las mediaciones familiares que solían hacer las corporaciones judiciales fueron licitadas, estos organismos debieron reenfocarse en nuevas prácticas de mediación. Una de las más fuertes ha sido la vecinal o comunitaria.

"La idea es que situaciones de controversia vecinal, como basura, ruidos molestos o problemas con mascotas, puedan ser resueltos a través de mediaciones que logren salvar relaciones que, por la cercanía de los involucrados, suelen durar años y hasta décadas", dice Marcela Fernández, coordinadora del Centro de Mediación de la Corporación de Asistencia Judicial de Valparaíso.

La corporación porteña también ha estado asesorando al llamado "Consejo Vecinal Rodelillo", una experiencia de "supragobierno" comunitario (que reúne a juntas de vecinos, clubes deportivos y centros de madres) donde un consejo de 34 representantes se encarga de definir qué proyectos son prioritarios y dónde debieran hacerse.

En Santiago, los esfuerzos en el desarrollo comunal encuentran uno de sus mejores ejemplos en El Bosque, donde desde 2006 funciona un centro de mediación que, el año pasado, llevaba 130 casos supervisados.

La idea es que las denuncias vecinales que llegan al fono de seguridad ciudadana y las quejas por asuntos menores que recibe el municipio sean derivados para mediación. "Ha sido complicado, porque la gente tiene la costumbre de que sea una autoridad la que decida, y que lo haga a través de sentencias con hartas firmas y timbres", explica Naldi Chiang, directora del centro mediador de El Bosque.

A nivel comunitario, la mediación se hace en grupos masivos de vecinos. Así lo están desarrollando en la Villa El Tattersal, un enorme y popular complejo de 54 blocks con 612 departamentos, donde la vida diaria se complica día a día por ruidos molestos, mascotas, aprovechamiento de espacios públicos o basura.

Mediación comercial:

El "negocio" de abuenarse

Los temas comerciales tienen un espacio de solución en el Centro de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio de Santiago (CAM). La entidad surgió en 1992 y desde entonces ha ido ampliando su esfera de acción hasta llegar a tratar temas de arbitraje internacional.

Básicamente, en esta instancia se reciben casos relacionados con problemas de compraventa, disputas entre socios, controversias en seguros y diferencias por temas inmobiliarios, entre otros asuntos.

Lo novedoso es que a esta opción de mediación no sólo pueden acudir empresas de gran tamaño asociadas a la Cámara de Comercio, sino también pequeñas y medianas, e incluso personas que se sienten afectadas por un tema comercial.

"Puede venir el comprador de una casa o un departamento que siente que no se le ha entregado lo que se pactó en el contrato con la inmobiliaria", explica Karin Helmlinger, secretaria general del CAM.

La condición es que exista un contrato en donde se establezca el procedimiento de mediación y arbitraje como opciones ante la eventualidad de un conflicto. Por eso es importante poner atención en la incorporación de esta cláusula al momento de establecer vínculos que podrían no terminar tan bien como empezaron. "Por lo general no se trata sólo de una compensación económica, sino que hay emociones involucradas, valores en juego y disculpas que el afectado necesita recibir", aclara Helmlinger.

Del total de mediaciones que tramitan al año, el 60% termina en acuerdos finales. Para el 40% restante queda, al menos, el efecto de que entre ellos se suele generar una dinámica diferente de relación que pasa de la confrontación a la búsqueda más prolongada de un acuerdo que les permita salvar un vínculo comercial.

La CAM trabaja con abogados-mediadores que son contratados externamente. Pero el proceso no es gratis, ya que existe una tabla que especifica los honorarios del mediador y del propio CAM de acuerdo a tramos de cuantía del asunto en disputa. Por ejemplo, en el tramo que llega hasta los $21 millones, se cobra como honorario del mediador un mínimo de 600 mil pesos. La manera precisa en que se determinan los montos está dada por la complejidad del asunto, la duración estimada y la multiplicidad de partes, entre otras consideraciones.

Mediación en salud:

Arreglos fuera de pabellón

La Unidad de Mediación del Consejo de Defensa del Estado (CDE) ocupa un amplio espacio en el séptimo piso de un céntrico edificio de calle Estado.

El lugar nació en 2004 como parte del Plan Auge, el cual estableció como obligación que los usuarios que se sintieran dañados por el accionar de los establecimientos públicos de salud o por sus funcionarios recurrieran a una instancia de arreglo alternativo, antes de llegar a la justicia.

Con una red de oficinas en el país, la Unidad de Mediación del CDE se ha encargado de recibir esas quejas de los pacientes o sus parientes. El "daño" es algo que el propio afectado se encarga de definir cuando llena la ficha de registro de su caso.

"Van desde la muerte de un pariente, casos de invalidez, consecuencias no deseadas después de algún tratamiento o situaciones en que alegan no atención", explica Pedro Barría, abogado jefe de la unidad. El organismo efectúa un análisis de las peticiones ingresadas y, desde marzo de 2005 a junio de 2007 apenas un 9% se declararon "inadmisibles".

Los usuarios descontentos llegan a través de tres vías: un número 800, la página web del CDE y las visitas directas a la unidad.

"La mayoría aspira a que la situación que vivieron no les pase a otras personas. También quieren que se les entreguen prestaciones a cambio del mal servicio y, por cierto, hay exigencias de compensaciones económicas", explica la asistente social Sandra Cepeda.

Las compensaciones económicas están reguladas y, en caso de muerte de un paciente, pueden llegar a $70 millones. Una cifra superior a la que usuarios han conseguido en los tribunales.

El sistema considera una serie de reuniones entre las partes, en muchas de las cuales, por el lado del servicio de salud, participa hasta el propio director del hospital. "Para los recintos hospitalarios es muy importante este sistema de mediación. Ayuda a mejorar sus propios procedimientos internos y entrega datos de áreas específicas del hospital o médicos que no están haciendo bien su labor", explica Barría.

Las mediaciones se efectúan en las dependencias de la unidad, las cuales han sido adaptadas para recibir a personas que llegan muy afectadas emocionalmente: sillas verdes, tonos claros en las murallas y mucho café, té y agua se reparten sobre las mesas. Desde su apertura, la unidad lleva 1.410 mediaciones. El 23% termina en acuerdos formales.

La iniciativa ha sido tan innovadora, que varios hospitales públicos han incorporado instancias de mediación para atender las quejas de los usuarios.

El Hospital Regional de Concepción inauguró la suya en 2005, con oficina, abogados y médicos. "Hasta el momento hemos trabajado poco más de 100 casos", explica Luis Cáceres, subdirector y médico encargado de la oficina de mediación del hospital.

En Santiago, el Hospital San José también creó su comité de premediación con tal de evitar que los reclamos lleguen al CDE. En 2007 trataron 56 reclamos, muchos de los cuales han terminado en acuerdos económicos.

Mediación Familiar:

El sistema que pocos utilizan

La nueva Ley de Matrimonio Civil y la Ley de Juzgados de Familia han sido las dos instancias por medio de las cuales la mediación ha logrado, a través del Ministerio de Justicia, una institucionalización de alto nivel en el país.

Aunque en el primer cuerpo legal la mediación se contemplaba, fue en la que creó los juzgados de familia donde se logró establecer el sistema con mayor claridad y amplitud. Sin embargo, ésta se vio seriamente coartada cuando el Congreso decidió que los procesos de mediación, en vez de la obligatoriedad inicial, se convirtieron en una instancia voluntaria que sólo sería "sugerida" por el tribunal.

Hasta entonces, habían sido las corporaciones de asistencia judicial las que, desde mediados de los 90, realizaban trabajos de mediación familiar. Aunque sin una legislación específica, estos acuerdos eran "homologados" como sentencias judiciales y solían respetarse.

Pero con la nueva legislación familiar, el Gobierno privatizó el servicio a través de una licitación, por lo que el trabajo de las corporaciones en materia familiar ya no tuvo sentido. Desde entonces, son mediadores privados los que reciben desde los juzgados de familia los requerimientos de mediación en temas como alimentos o visitas.

Gratuito para personas que ganen menos de 800 mil pesos y con un valor de $40 mil por sesión para los que ganan más de eso, el sistema se veía como un acierto. La idea del Gobierno era simple: hacer que los procesos de justicia familiar fuesen más breves, menos traumáticos y más baratos, además de descongestionar los tribunales. En la práctica las cosas han estado lejos de esos resultados.

Los tribunales, que se supone debieran avisar el sistema a las partes y derivar los casos, no lo están haciendo. Las cifras son lapidarias: de las 408 mil causas familiares ingresadas en 2006, apenas el 1,9% pasó a mediación.

"Los jueces tienen opiniones dispares sobre la mediación. Algunos la apoyan y derivan casos, mientras otros no", aclara Ana María Valenzuela, mediadora del Centro Andalué.

Un ejemplo: mientras el 2° Juzgado de Familia de Santiago derivó 3.668 causas en 2007, el de San Bernardo mandó apenas una y los juzgados de Limache ninguna.

"Para este juzgado sería ideal derivar a mediación, pero hay un tema que es cultural y de falta de información. Nosotros le avisamos a la gente, tenemos afiches y hasta ponemos vi-deos, pero no se interesan en la mediación", explica resignado Raúl Castro, administrador del tribunal familiar de Limache.Dos elementos aparecen como los responsables: la suspicacia de los jueces, que no ven en estos acuerdos el "peso" de las sentencias que ellos podrían determinar, y el desconocimiento de las partes, que aún confieren mayor "seriedad" a la sentencia formal de un tribunal.

"Las personas interponen las demandas en los tribunales y éstos nos envían los casos. La gente se entera de esta alternativa sólo cuando son citados por el mediador. No hay información previa", explica Jorge Burgos, primer presidente del Colegio de Mediadores.

En el Ministerio de Justicia lo saben. "Pero existe un proyecto de ley que hará de la mediación un paso obligatorio antes de llegar a un tribunal. Con eso el sistema se va expandir mucho", dice Sofía Libedinsky, abogada de la Unidad de Reformas Judiciales del ministerio.

Mediación laboral:

Sindicatos y ejecutivos frente a frente

A mediados de año, en Cecinas San Jorge -empresa con 1.600 empleados- apareció una "diferencia" entre la empresa y sus trabajadores por un bono incorporado en el contrato colectivo que poseía una interpretación para la empresa y otra diferente para los empleados.

El sindicato decidió acudir a la Dirección del Trabajo para que ésta intercediera a través de un mediador que fuera capaz de acercar posiciones. "En ocasiones, interponer una denuncia resulta más engorroso. Por eso pensamos en la mediación. Era una experiencia nueva, nunca la habíamos usado", explica José Alva, director del sindicato.

Ejecutivos y empleados se reunieron en tres ocasiones. En sesiones de poco más de una hora, relataron el problema a la mediadora, quien acercó las partes y se llegó a un acuerdo definitivo.

"Me pareció una instancia muy positiva. La mediadora asumió el problema desde la perspectiva de ambas partes, logrando la instancia de comunicación y acercamiento que permitió llegar a un acuerdo", comenta Marco Díaz, fiscal de la empresa.

El historial de la Dirección del Trabajo y la tarea de sus inspectores siempre han estado asociados a una búsqueda de sanciones punitivas a los empleadores o, al menos, a una alianza implícita entre ese organismo y los trabajadores.

Desde 2001 ese espíritu fue variando por la reforma laboral que significó, para la estructura interna de la Dirección del Trabajo, la "Mediación Laboral Colectiva", que en Santiago se concretó con la puesta en marcha del Centro de Mediación y Conciliación.

Fueron sus propios funcionarios los que cambiaron sus antiguas tareas para capacitarse como mediadores. Desde entonces el "principio pro-trabajador" que caracterizaba a los inspectores, ha sido reemplazado por una neutralidad que implica entender por igual a la compañía y sus empleados.

"No pocos acá vieron en este nuevo espíritu un intento por menoscabar las legítimas medidas de fuerza de los sindicatos. Casi como si nos hubiésemos convertido en entrabadores de huelgas", explica Jorge Bahamondes, jefe del Centro de Conciliación y Mediación de Santiago.

La unidad divide su tarea en dos funciones: las conciliaciones para conflictos individuales en una relación laboral extinguida y la mediación para trabajadores con una relación laboral vigente.

Mientras las primeras son rápidas y numerosas, las segundas suelen ser más trabadas y menores en cantidad.

La enseñanza de la mediación:

Consultorías y clases universitarias

Desde 2004 funciona el Centro de Negociación y Mediación de la Universidad Católica, una de las iniciativas académicas más importantes en el país relacionada con esta modalidad de solución de conflictos. Surgió bajo el amparo de la Facultad de Derecho, como expresión de un interés creciente en diversos cursos y talleres de mediación y negociación, en carreras como Derecho e Ingeniería.

El organismo se ha especializado en la investigación aplicada, la prestación de asesorías a empresas públicas y privadas y en la capacitación a ejecutivos de diversas empresas. "Tenemos crecimientos de 100% anuales en los inscritos en nuestros cursos y talleres", explica Cristián Saieh, director del centro, quien capacita unos 60 ejecutivos semanales.

Aunque sabe que la mediación sigue siendo lejana para una parte importante de la población, explica que los beneficios han hecho que, para pesar de algunos abogados, el sistema se ha extendido de manera creciente y silenciosa, especialmente en el mundo comercial.

"La gente se sorprendería por la cantidad de conflictos que existen en el mundo de los negocios y que ahora se arreglan por métodos alternativos a los tribunales de justicia. Toda la renegociación de los contratos del Transantiago es una muestra de la eficacia que puede tener la mediación y negociación", aclara.

La Universidad de los Andes, a través de su Instituto de Ciencias de la Familia, desarrolla hace ocho años un programa de postítulo en mediación familiar.

"Mantenemos en Puente Alto un centro de mediación familiar que atiende buena parte de los casos que los Tribunales de Familia de la zona sur de Santiago envían a mediación", explica Claudia Tarud, directora del instituto.

Entre 2003 y 2006 han tratado 285 casos de mediación familiar. De esa cifra, el 74% ha logrado un acuerdo final consensuado entre ambas partes, con un promedio de cuatro sesiones de conversación.

La Universidad Diego Portales desarrolla, a través de clínicas jurídicas y mediaciones observadas, el acercamiento de los futuros abogados al mundo de la mediación. Macarena Vargas es profesora investigadora de la universidad y acaba de ser electa presidenta del Colegio de Mediadores.

Mediación Escolar:

Negociaciones en los patios

Es recreo en el Colegio La Paz, en Rengo, VI Región, y en el patio varios chicos portan unas credenciales que los identifican con una categoría especial de estudiantes: "mediadores".

El recinto es pionero a nivel nacional en conciliación entre los propios alumnos. "Tenemos 30 mediadores, elegidos por los mismos compañeros para arreglar los conflictos que suelen presentarse en las aulas y en los patios", explica Lorenzo Vidal, orientador del colegio e impulsor de la experiencia.

Para elegir a los mediadores se les pidió a los niños responder en una encuesta a cuál compañero confiarían un secreto y quién representaba mejor la responsabilidad.

Con esos resultados se les capacitó para que, desde el segundo semestre de 2007, comenzaran sus tareas de mediación.

Tamara Arambarri es una de ellas. Apenas cursa quinto básico, pero tiene las cosas claras: "Los hombres se pelean más. Son más intensos en sus discusiones, pero las arreglan más rápido. Las mujeres le dan más vueltas al asunto y les cuesta más volver a ser amigas".

-¿Qué conflictos has arreglado?

-Es confidencial- responde tajante María Paz López, alumna de octavo básico.

Una respuesta similar a la que recibió la ministra Yasna Provoste cuando les consultó lo mismo en un seminario de mediación en la Universidad Católica.

Catalina Saldaña y Óscar Jiménez, de quinto y octavo básico, respectivamente, explican que "a veces los profesores nos piden en la misma clase que arreglemos un problema entre compañeros. Otras veces lo hacemos en el patio. Nos demoramos la mitad del recreo en poder solucionar el asunto. Lo rico es que amigos que se pelearon vuelven a ser amigos".

La idea ha prendido tanto, que se piensa acondicionar un pedazo de patio para que las conciliaciones tengan un espacio propio.

"Pondremos bancas y un toldo. Será como un altar de la mediación", dice Vidal.

"Nuestra idea es que el tema de la mediación escolar pueda ser incorporado de manera creciente dentro de las normas internas de convivencia. Los escolares confían más en sus pares que en los adultos para resolver los conflictos que tienen. De ahí su fortaleza", explica Ericka Castro, coordinadora de Línea Convivencia Escolar del Ministerio de Educación.

Hasta ahora, la mediación escolar está siendo aplicada de manera experimental en colegios de Santiago y la VI, VII y IX Región. Son 211 profesores que, en 71 escuelas, están formando a 500 estudiantes-mediadores repartidos entre 5° básico y 3° medio.

Junto a este esfuerzo público, en diversos puntos del país la mediación escolar se está desarrollando a través de los municipios, como en Chillán, donde varias escuelas aplican el sistema