sábado, 20 de octubre de 2007

La apuesta de Lavín por cambiar el escenario

BLANCA ARTHUR
El Mercurio, sábado 20 de octubre de 2007

Cuando Joaquín Lavín decidió irrumpir en el primer plano de la escena política, fue para quedarse. Lo hizo consciente de que su arremetida, en especial su autodefinición como "bacheletista-aliancista" era para generar un fuerte ruido, dado el contraste con la posición más dura frente al Gobierno que ha sustentado la Alianza.

Por eso, la polémica que desataron sus dichos no sólo no lo sorprendió, sino tampoco lo amilanó. Por el contrario, con el correr de los días, Lavín se ha ido entusiasmando al punto de que no está dispuesto a echar pie atrás ni un milímetro en su ofensiva.

Como admiten en su círculo, lejos de replegarse frente a las reacciones que lo acusan de provocar confusión, ha salido al paso explicando que con sus dichos quiso graficar que él está dispuesto a buscar acuerdos con el Gobierno, más que a confrontarlo.

Convencido de que no ha dado un paso en falso, de esa posición no se moverá. En parte, porque asegura que responde a su convicción más profunda, pero además, porque cree que estratégicamente es lo acertado, tanto para su propio reposicionamiento, como el de su partido, desdibujado con la promisoria candidatura del RN, Sebastián Piñera.

Aunque concordante con su estilo, Lavín inició su cruzada política en solitario, en el camino encontró no sólo el respaldo, sino la complicidad del senador Pablo Longueira, a quien sumó a su apuesta para intentar cambiar el escenario de la UDI de aquí al 2009.

Los cálculos

Conminado al semi ostracismo desde la derrota de 2005, cuando la Presidenta Michelle Bachelet lo invitó a integrar el Consejo de Equidad, el ex presidenciable no vaciló ni un instante en aceptar, en una actitud al margen de la dirigencia de la UDI.

De acuerdo a lo que confidencian en su entorno, Lavín percibió que en ese momento se le abría la posibilidad de reaparecer con su postura más proclive a los acuerdos, que además le permitía perfilarse en un tema que lo compromete, como es el combate a la pobreza.

Con su disposición a sumarse al trabajo del Gobierno en esta materia, sus cálculos apuntaron a que la única forma de ganar espacio, es en ese segmento de la población menos ideologizado que no se identifica ni con la Concertación ni con la Alianza, que en 2005 votó por él en primera vuelta y por Bachelet posteriormente.

Como en la perspectiva de Lavín se trata de personas a las que no les gusta el conflicto, su actitud podía resultar más seductora que la tesis del desalojo que había terminado por instalarse como la estrategia oficial de la Alianza.

Pero además, con esta postura más moderada, el ex presidenciable UDI escondía su intención de situarse más cercano al Gobierno que Piñera, de manera de contrarrestar la aspiración del candidato RN para conquistar el centro político.

Dupla con Longueira

La arremetida de Lavín no había encontrado eco, hasta que tras su participación en el seminario de la Fundación Chile Justo, consiguió reinstalarse como la principal carta presidencial de la UDI, al reencantarla con una emotiva intervención que contrastó con la más técnica de Piñera.

Con el respaldo que recibió de la audiencia -en lo que contó con la ayuda de Longueira, quien lo instó a lucirse en el panel en que lo puso junto al abanderado de RN- consideró que había llegado el momento de dar un paso más, para lo que ideó su autocalificación como "bacheletista-aliancista".

La inesperada definición, que contrariaba la estrategia de su partido liderada por su presidente, senador Hernán Larraín, fue duramente cuestionada por muchos de aquellos que incluso prácticamente lo habían proclamado como la carta presidencial.

Pero Longueira, quién tampoco se somete fácilmente a las directrices de la UDI, decidió darle piso, al considerar que más allá de las palabras escogidas por Lavín, lo importante era rescatar su sentido, especialmente porque tras ellas se escondía una fórmula que podía ser determinante para el futuro de su partido.

Triunfalistas

Con el respaldo del parlamentario, el ex alcalde retomó las ínfulas para continuar con su arremetida, al concluir que pese a los contratiempos, la operación puede culminar de manera exitosa.

En primer lugar, tanto Lavín como Longueira sacan la cuenta de que la reaparición del primero en la escena, le permite a la UDI plantarse con más fuerza frente a la candidatura de Piñera. No solamente porque le abre la posibilidad a que la situación de 2005, cuando el RN lo desplazó, se revierta el año 2009, sino que aun cuando ello sea imposible, la UDI no quedaría en la posición de comparsa a que estaba expuesta.

En este escenario, los cálculos de Lavín no descartan que si sus posibilidades no se dan, porque él no se arriesgaría a una tercera derrota, Longueira pueda enfrentar a Piñera con la estrategia en que ambos creen, como es buscar acuerdos en aquellas materias relevantes.

Pero para que la arremetida que inició Lavín con la expectativa de cambiar el escenario no sea un fracaso, el principal desafío que enfrenta es superar la resistencia que su actitud díscola genera en importantes sectores de la UDI.

Con ese fin, secundado por Longueira en la persuación hacia las bases, el ex presidenciable asumió en las últimas horas el compromiso, al menos con sus principales dirigentes comenzando por Larraín, de mejorar la comunicación y evitar nuevos arranques independientistas.

Como la intención era generar ruido con su "bacheletismo-aliancista", está convencido de no haber dado un paso en falso.

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