El temor de la gente a ser víctima de delitos se perfila como el principal tema en las próximas campañas electorales.
BRUNO EBNER
En momentos en que la opinión pública se muestra impactada por el asesinato de un carabinero en un violento asalto bancario, las encuestas reafirman una inquietante señal: el 79% de los chilenos cree que es mucho el nivel de delincuencia actual y que ello amenaza su bienestar futuro.
Junto con ello, la mitad de los mismos encuestados aceptaría que la autoridad violara el Estado de Derecho a fin de combatir la delincuencia aplicando mano dura.
Así de sombría es la conclusión del estudio "Cultura política de la democracia en Chile", realizada en 2006 por el Proyecto de Opinión Pública de Latinoamérica (Lapop), de la Universidad Católica y la Universidad de Vanderbilt, EE.UU.
Para la versión chilena del muestreo, realizado en 21 países (ver relacionado), se realizaron 1.517 entrevistas cara a cara entre julio y agosto de 2006. Se tomaron en cuenta adultos de todos los estratos socioeconómicos nacionales, en el mundo urbano y rural, y -con un margen de error del 2,6%- su universo representativo supera los 11 millones y medio de personas.
La medición arrojó que si bien los chilenos están satisfechos con el sistema democrático y creen que el Gobierno promueve la democracia, el nivel de victimización es alto y se percibe que las autoridades no son eficientes para garantizar la seguridad ciudadana.
De hecho, ésta constituye el tema que más preocupa a la ciudadanía, ya que el 79% piensa que la delincuencia es un riesgo muy importante para su bienestar futuro. Por añadidura, el 31% confía poco en la justicia y el 39,8% simplemente nada.
Por ello, el 50,5% de los chilenos aceptaría que la autoridad violara la ley y el Estado de Derecho para combatir el delito.
Según los autores del estudio, esta percepción afecta la estabilidad democrática: "Si el problema de delincuencia sigue y no se encuentran soluciones eficientes, es probable que el apoyo a la democracia caiga y la insatisfacción siga aumentando. Es algo que la democracia chilena tiene que resolver", advierte el jefe de magíster en ciencia política de la UC, Juan Pablo Luna.
A juicio del experto, la delincuencia va a ser el tema central en las próximas elecciones. Eso implica que la agenda de las campañas estará dominada por este asunto y los electores centrarán su atención en las propuestas para reducir la delincuencia, mejorar el sistema judicial y cesar la "puerta giratoria".
En otro acápite se constata que la valoración nacional de los partidos políticos es débil, pues el 74,4% de los chilenos no se siente cercano a ninguno, en tanto sólo el 25,6% sí.
Sorprende que el 57% de los encuestados cree que los candidatos a los que les va bien en cada comuna "son los que dan cosas en campaña".
Además, sólo 18% votaría por el partido más que el candidato, y el 25% opina que los candidatos exitosos son los que atienden las necesidades de la gente".
Latinoamérica: crece atracción del populismo
El "Barómetro de las Américas" en su versión 2006 advierte que los ejes ideológicos izquierda-derecha siguen vigentes.
Según el estudio académico, América Latina es una región que se ubica en el eje ligeramente hacia la derecha en comparación con el resto del mundo y -salvo Chile- aquellos que se sitúan en la izquierda tienden a creer menos en la legitimidad de sus sistemas políticos y en la democracia.
Desde 2004 se viene observando una paulatina tendencia al aumento de los gobiernos de izquierda pero a pesar de ello el populismo, en general, no avanza con igual vigor. No obstante, casi dos tercios de los latinoamericanos (64%) aceptarían al menos una medida populista que limite la función de las instituciones democráticas, tal como quitarles voz a los partidos políticos, o eliminar el Parlamento o las cortes.
En otro punto, la confianza interpersonal latinoamericana es baja. Según el fundador y director del Lapop, Mitchell Seligson (Ph.D), el tener confianza en las personas de la comunidad sí importa, ya que "es el principal predictor de la legitimidad democrática".
También, el académico sostiene que de no subsanarse temas como la corrupción, el costo político sería alto, pues disminuiría la confianza de la gente.
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