El Mercurio, jueves 4 de octubre de 2007.
La aprobación a la forma como la Presidenta Bachelet está conduciendo su gobierno registró una nueva baja en la encuesta Adimark de septiembre pasado: sólo el 35 por ciento de la población de las 16 principales ciudades del país la respalda. El 46 por ciento la desaprueba. Son datos preocupantes para el Gobierno, porque es altamente probable que ellos debiliten su capacidad de acción política, dadas las dificultades que ha tenido hasta ahora para empujar su agenda.Es cierto que el cuestionamiento ha estado muy marcado por el Transantiago. Eso explica que la aprobación a la conducción gubernamental en la capital alcance sólo al 27 por ciento. Este porcentaje es similar al que registró en esta zona el ex Presidente Frei Ruiz-Tagle hacia el final de su mandato -si bien las circunstancias económicas eran, entonces, muy distintas-. Que el efecto político del plan de transportes sea similar al de una crisis económica indica el alcance que él ha tenido para la población.Pero concentrar excesivamente en el Transantiago los orígenes de la desaprobación al gobierno de Bachelet sería desconocer que, a pesar de que su apoyo regional es mayor (41 por ciento), está lejos de ser satisfactorio, sobre todo a la luz del buen desempeño económico promedio de las regiones. Esta realidad deja entrever, pues, una crítica a la conducción gubernamental que sobrepasa a la que se origina en la del transporte público de Santiago. Todo indica que, en particular, la delincuencia y las dificultades gubernamentales para plantear una agenda coherente en este ámbito han tenido un impacto mayor en la evaluación del Gobierno. Por eso, éste podría sufrir eventuales nuevos retrocesos en mediciones posteriores: no cabe excluir que la aprobación en regiones comenzara a seguir una tendencia similar a la registrada en Santiago. El Gobierno debe estar atento a evitar esa situación.Es interesante que, pese a la negativa evaluación de su administración, las cualidades personales de la Presidenta siguen intactas. Esto sugiere que hay una oportunidad para que La Moneda revierta esta deficiente apreciación ciudadana. Pero eso, sin duda, requiere algunas condiciones. Entre otras, un rediseño de su gestión, probablemente en la dirección de darle mayor sustento político al Gobierno y lograr la unidad del gabinete en torno al programa del mismo. De igual forma, se deben abordar aquellos ámbitos en los que aquél aparece especialmente mal evaluado - el Transantiago y la delincuencia, de acuerdo con esta encuesta-. También salud es un área en la que la evaluación parece estar debilitándose y puede convertirse en un pasivo en próximas mediciones.La mala evaluación gubernamental ha afectado a la Concertación como coalición política: la desaprobación a la forma como está desarrollando su labor supera en cuatro puntos porcentuales a la Alianza. Es de notar que los niveles de aprobación son bajos para ambos conglomerados, y la alta desafección ciudadana hacia la política -54 por ciento de los ciudadanos no se identifica con ninguna agrupación política- no eleva la identificación ciudadana con la oposición. Con todo, se ha configurado un cuadro en el que la Concertación, por primera vez, no tiene ya una ventaja evidente sobre la Alianza.Ésta, en consecuencia, tiene una oportunidad real para avanzar electoralmente. Pero, a su vez, eso requiere de sus líderes un trabajo mancomunado que tenga como norte la preocupación ciudadana, y que las soluciones ofrecidas sean audaces y se inscriban en la tradición liberal-conservadora que ha caracterizado a esta opción política en el mundo entero.
jueves, 4 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario