El Mercurio
Cumbre intercoreana, con acuerdo nuclear de fondoEl líder norcoreano Kim Jong Il viaja poco y aparece en público en contadas oportunidades. Por eso, cuando llegó sorpresivamente hasta la frontera con Corea del Sur para recibir al Presidente Roh Moo Hyun, elevó las expectativas sobre el resultado del encuentro. Tras tres días de reuniones, confirmó esa apreciación una declaración de ocho puntos que incluía la expresión del deseo de firmar un "acuerdo de paz verdadero", que reemplace al armisticio que puso fin al conflicto entre 1950 y 1953. Técnicamente, el Norte y el Sur siguen en guerra -Seúl se marginó del cese el fuego firmado por Norcorea, China y EE.UU.-, y así lo demuestra la presencia de miles de soldados fuertemente armados a ambos lados de la frontera en el paralelo 38.Las suspicacias y recelos entre Kim y Roh no desaparecieron a lo largo del encuentro, pero el anuncio en Beijing de que Norcorea había aceptado un compromiso de desmantelar instalaciones nucleares antes de fin de año probó que la frialdad de la reunión no era señal de un fracaso en las negociaciones.Así, el balance de la segunda cumbre intercoreana (la primera fue en 2000) es más bien positivo. Hubo ciertos logros en los ámbitos de seguridad, económico y de reunión de las familias separadas por la guerra. Desde el punto de vista de Seúl, antes de conseguir su objetivo de largo plazo -la reunificación de la península- es necesario acortar la enorme brecha económica entre ambos países. El acuerdo para la creación de una zona industrial especial, la instalación de un astillero y los enlaces ferroviarios fueron avances interesantes desde esa perspectiva.Norcorea está en una situación desesperada y depende económicamente del exterior. Su producción de alimentos es escasa -incluso para una población no acostumbrada a grandes consumos, pero que en los últimos años ha sufrido hambrunas-, y la dependencia del combustible importado es total. Por eso, Kim cedió ante la evidencia y aceptó en la declaración final del encuentro plasmar en el papel el compromiso de seguir trabajando para lograr la reunificación, la cooperación económica y los intercambios culturales, aunque eso pueda significar el colapso de su régimen, el último de corte estalinista que existe en el mundo.No ha sido casual que, simultáneamente a esta cumbre, el gobierno chino diera a conocer al mundo el compromiso norcoreano para desmantelar sus principales instalaciones nucleares en la planta de Yongbyon. Este acuerdo -que se está negociando hace años entre el régimen de Kim, China, EE.UU., Rusia, Japón y Corea del Sur- es la segunda fase del que se firmó en febrero, cuando Norcorea aceptó cerrar (no desmantelar) Yongbyon, a cambio de envíos de combustible y liberación de fondos congelados en bancos de Macao.Ahora, EE.UU. podrá enviar a sus expertos a fin de preparar la operación (que deberá financiar íntegramente)para desactivar la planta. También entrarán inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica, por primera vez en cinco años.A lo largo de su gobierno, Kim ha demostrado que no es un interlocutor confiable. Por eso, no cabe descartar que tampoco esta vez lo haga cabalmente. Un indicio de que aún podría dilatar las negociaciones es que no ha querido ceder en lo relativo a armas nucleares, y mantiene esa carta si la pista se le pone difícil.En Ecuador, Correa busca evitar los errores de EvoCuando el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, dijo el lunes que él no había cometido el mismo error que su colega boliviano, Evo Morales, no era algo trivial: se refería a que la convocatoria para elegir una Asamblea Constituyente establece que la nueva Carta requiere de mayoría simple para ser aprobada, a diferencia de lo que hizo Evo, quien pactó con los opositores un consentimiento de los dos tercios de la Constituyente, seguro de que conseguiría ese margen en la elección de delegados. Según los cómputos extraoficiales reconocidos por todos los sectores, Correa obtuvo una sólida mayoría absoluta, pero si hubiera seguido los lineamientos bolivianos se encontraría con las manos atadas ante la oposición, que no le permitiría redactar una Carta a su medida.Al parecer, Correa aprendió más de una lección de su amigo y aliado Morales, pues, a diferencia del boliviano, el Presidente ecuatoriano quiere evitar conflictos con el Legislativo y ha anunciado que disolverá el Congreso apenas se instale la nueva Asamblea, en noviembre. Si bien algunos diputados están dispuestos a renunciar, otros anunciaron una ofensiva internacional para denunciar los métodos poco democráticos de Correa. La Constituyente ecuatoriana estará conformada por 130 representantes, y se calcula que entre 70 y 80 serán oficialistas. Con ese número, las discusiones serán menos engorrosas que las habidas en Sucre, donde unos 250 delegados no han conseguido ponerse de acuerdo ni en un solo artículo, lo que ha postergado casi indefinidamente la redacción del documento. El gobierno ecuatoriano espera tener listo el proyecto constitucional a mediados de 2008, para presentarlo después a aprobación en un referéndum.Hasta ese momento, posiblemente Correa se cuidará de no crear conflictos que le signifiquen cambiar el curso de sus propuestas. Su intención de establecer un "socialismo del siglo XXI" es similar a la del Presidente Chávez, pero con ciertas diferencias de estilo que lo hacen populista, mas no mesiánico. Y si bien no ha temido enemistarse con las petroleras extranjeras -acaba de dictar un decreto que sube de 50 a 99 por ciento la participación del Estado en los excedentes del precio del petróleo-, es poco probable que llegue a un conflicto como el que Caracas mantiene con Washington.
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