

Para este senador, la tesis del desalojo de Allamand sólo sirve para dejar contento al 35 por ciento de la derecha dura, no para obtener la mayoría que la Alianza necesita para ganar. De ahí que insista en que Lavín es la mejor alternativa que tiene su sector. A su juicio, la unidad RN-UDI por sí sola no asegura nada, la clave –dice– está en el discurso y la estrategia que se adopte.
Por Claudia Alamo | Fotos: Ronny Beldar
Por estos días, Pablo Longueira está partiendo al sur. Allí tiene su refugio y toma distancia del acontecer nacional. Por política personal, durante un mes, no lee los diarios ni ve televisión. Por política personal suelta el control y se deja crecer la barba, navega en su bote por los canales sureños y prepara salidas a acampar con sus hijos hombres. Las niñitas se quedan en casa con la mamá.
Ha confesado que su sueño sería agarrar una mochila y partir en moto a recorrer paisajes apartados. Ha confesado que le hubiese encantado ser un poco hippie, aunque cueste creerlo. Porque Pablo Longueira debe ser uno de los políticos más vehementes y frontales que hay en el escenario nacional. Va de frente y es tildado como un duro a la hora de discutir o negociar. Algunos analistas dicen que es del tipo de José Miguel Insulza o de Camilo Escalona, esa camada de dirigentes que lleva la política en la sangre y que no le huye al conflicto.
Hoy, Longueira ya no está tan intensamente en la primera línea de fuego. No es el líder indiscutido de la UDI ni tiene el mismo ascendiente que en otras épocas. Con todo, el senador Longueira sigue teniendo voz, pero sobre todo opinión en lo que sucede en la política criolla, principalmente en la derecha, su sector.
–La Concertación pasa por un mal momento. El gobierno también. Sin embargo, la derecha, aun cuando está más unida, no logra capitalizar esa baja. ¿Por qué no logran consolidarse como alternativa de poder?
–En la Alianza hemos ido construyendo una unidad que es muy positiva, pero sin ningún discurso que apunte a darnos credibilidad para rescatar al segmento que hoy se siente desafectado de la Concertación. Es decir, hasta ahora, no hemos tenido una propuesta clara y alternativa a la coalición de gobierno.
–O sea, la unidad no lo es todo para ganar la elección presidencial.
–No. Y los que crean que es así, están profundamente equivocados. De hecho, en los períodos de mayor conflictividad de la Alianza, no hemos tenido una caída electoral. Así que quienes estimen que sólo con la unidad vamos a ganar o conquistar al electorado que necesitamos para llegar al gobierno, están en un profundo error.
–En su diagnóstico, ¿cuál es la incapacidad que tiene la derecha?
–Lo que pasa es que, en general, los líderes de la Alianza tienden a satisfacer siempre los requerimientos del 35 por ciento de la votación tradicional de la centroderecha. Pero tenemos una dificultad para conformar una estrategia de mayoría. La vez que más cerca hemos estado fue en 1999, cuando Lavín compitió con Lagos. O sea, habiendo enfrentado al mejor candidato presidencial que ha tenido la Concertación, logramos un resultado extraordinario. Y eso no fue sólo porque tuvimos un gran candidato, sino también porque hubo una estrategia por abrirnos a la mayoría. Logramos encontrar un estilo, un lenguaje, una sintonía con la ciudadanía.
–Pero les costó mantener la sintonía con su propio mundo.
–Y más aún: recordemos que durante mucho tiempo tuvimos que trabajar contra nuestro propio mundo. Criticaban a Lavín en forma sostenida. Por eso ahora, cuando tienes al frente un gobierno débil, la tendencia natural de la derecha es tener una actitud de mayor agresividad con el gobierno, pero ésa no es una respuesta que sirva para conquistar el 50 por ciento más uno de los votos.
–Y eso, ¿por qué? ¿No será que la derecha tiene un complejo para cruzar la frontera hacia el centro?
–Hay dos dificultades que explican eso: la primera es la falta de claridad que se tiene respecto de lo que hay que hacer. Eso genera confusión y da cuenta de una falta de liderazgo para marcar el camino a seguir. Nos cuesta tener una estrategia común centrada en un liderazgo. El segundo problema de la derecha es su incapacidad para sintonizar con los temas que de verdad le importan a la ciudadanía y frente a los cuales tienes que adquirir cierta credibilidad. Este es un frente muy débil para la Alianza. La centroderecha no tiene propuestas claras en esos ámbitos o, si los tiene, los trata como temas tabúes, como ocurre con la redistribución, la pobreza, los abusos laborales.
–Probablemente, eso pasa porque la derecha teme afectar intereses empresariales, ¿no?
–Eso pasa por varias cosas: primero, porque necesitamos saber que tenemos que trabajar por el bien común. Segundo, porque, en el fondo, es más grato no pelearse con nadie. Yo pretendo que la derecha tenga una visión más amplia, pero reconozco que es una postura muy solitaria.
Lo que a Piñera le falta
–Dice que Lavín logró construir un discurso para la mayoría en 1999. ¿Por qué Piñera no logra ser el líder de la derecha, si es el candidato mejor aspectado?
–Porque para lograr liderazgo requieres generar confianzas. Lavín supo cultivar muy bien las relaciones con RN y, por tanto, para el votante natural de RN era un candidato muy afín. Y eso, Piñera no lo ha tenido nunca. Al revés. Durante gran parte de su trayectoria política, siempre ha tenido una actitud de descalificación, de ataque y de agresividad con la UDI.
–¿No hay también una desconfianza que persiste en la derecha porque Piñera votó por el “No” en el plebiscito de 1988?
–¡No! Creer que las definiciones de la gente son por razones políticas es ser idiota. Eso es caer nuevamente en los mismos errores. Está más que demostrado que ésos no son los temas que definen a las personas a la hora de votar. Piensa que el candidato más votado de nuestro mundo es Lavín, quien votó por el “Sí”.
–Entonces, ¿cuál es el problema de Piñera?
–…No saco nada ni gano nada diciendo las razones por las cuales Piñera tiene sus debilidades. Todo el mundo las conoce.
–¿Su punto es que Piñera es un candidato que tiene muchos flancos abiertos?
–Mira, nunca la Alianza ha estado en un mejor momento para triunfar que ahora. Pero también tengo que decir que es un profundo error creer que, por eso, tenemos ganada la próxima elección presidencial. Después de la elección municipal de este año se va a producir un cambio en el ambiente político, porque a la Concertación le va a ir muy bien. Lo que pasa es que la derecha hace análisis muy simplicista de las cosas. Y ése es otro de sus errores.
–…
–En la Alianza no hay una discusión política profunda. Nadie da argumentos, cada uno dice lo que quiere y lo fundamenta porque se le ocurrió. Entonces, hay una falta de rigor político que no es menor a la hora de tomar las decisiones. Volviendo al punto inicial: efectivamente, hoy tenemos una gran ventaja para ganar la próxima elección presidencial porque, obviamente, hay mucha gente desilusionada de la Concertación, pero eso tenemos que conservarlo. El problema es que no está resuelto cómo conservamos a ese electorado. Necesitamos una estrategia, lograr una coincidencia en lo que tenemos que hacer y, por cierto, un liderazgo que conduzca esas acciones.
–Pero esa estrategia, ¿no se ha perfilado cuando Allamand habla del “desalojo”, Lavín del “bacheletismo-aliancista” y Piñera de un “Nuevo Trato”?
–Para ser honesto, esta discusión entre el “bacheletismo-aliancista” de Lavín y el “Nuevo Trato” de Piñera, me parece la discusión más estúpida que hay. El famoso “Nuevo Trato” de Piñera es exactamente lo mismo que planteó Lavín. No veo la diferencia.
–También está el “desalojo”. Esa es otra vía.
–No he visto a Piñera subido a la tesis del “desalojo” ni por un minuto.
–¿No?
–No, y si en algún minuto se subió, está claro que se bajó con la misma rapidez con que se subió. Cualquier persona que aspira a la Presidencia de la República tiene claro que, para lograr la mayoría y ganar, hay que conquistar el centro. Así de simple.
–¿Eso requiere, a su juicio, de una oposición colaboradora o menos dada a los acuerdos?
–Es que no sé en qué tesis del “desalojo” puede estar la UDI o RN cuando ya han firmado tres acuerdos con el gobierno: en materia educacional, seguridad ciudadana y reforma previsional. De hecho, ésa fue la manera en que nosotros actuamos cuando Lavín era candidato y nos fue muy bien. Joaquín es el dirigente más votado en los últimos 70 años de la derecha chilena. Por lo tanto, si queremos dejar contento al 35 por ciento de la derecha dura, sumémonos a la tesis del “desalojo”. Van a estar todos felices, eufóricos. Pero si queremos conquistar al 50 por ciento de la gente, tenemos que hacer lo que planteó Lavín. Insisto: va a ser muy difícil ganar con la actitud del “desalojo”. Y Piñera lo tiene claro. Todos lo tenemos claro.
–Si ése es el objetivo, ¿no es Piñera el que tiene más posibilidades de conquistar el centro que cualquier candidato de la UDI? Mal que mal, él se declara humanista cristiano…
–Mira, lo único que está demostrado es que Joaquín Lavín tiene más capacidad que Piñera para conquistar al electorado de centro.
–Pero Lavín perdió frente a Piñera en la elección pasada.
–Claro, perdió porque Piñera sacó sólo dos puntos más que él. ¿Y sabes por qué? Porque un segmento de la derecha se convenció de que por esto de ser “humanista cristiano”, Piñera tenía más capacidad de conquistar a la gente de centro. Pero ése era un discurso. Lo que pasa es que hay un sector de la derecha que siempre se compra esos argumentos baratos. Aun así, lo único que quedó claro es que en la segunda vuelta Piñera no fue capaz ni siquiera de conquistar los votos de Lavín. Entonces, no veo cómo alguien puede seguir sosteniendo que Piñera es mejor candidato que Lavín.
–No obstante, las encuestas muestran que ahora el que tiene verdadera opción es Piñera, no Lavín.
–Eso también es obvio: cuando un candidato, cualquiera sea, pasa a la segunda vuelta y tiene todos los votos de su sector, como es el caso de Piñera, queda inmediatamente posicionado. Por eso es que la UDI tendría que haber levantado una candidatura presidencial apenas pasó la segunda vuelta.
–¿Por qué insiste tanto en Lavín, si él ha dicho hasta el cansancio que no quiere ser candidato?
–Porque yo ingresé a la política por razones muy distintas de aquellas por las que ingresa el común de la gente. Y mientras siga en esto, quiero respaldar personas que me interpreten plenamente en mi proyecto político. Por lo tanto, espero que podamos convencerlo. Tengo la convicción más absoluta de que si Lavín fuera candidato cambiarían las encuestas. De lejos, Lavín nos llevaría al triunfo más seguro que Piñera. Está demostrado que es así: Joaquín tiene un voto popular que no tiene nadie y que no se lo traspasa a Piñera.
–Pero Lavín no quiere. ¿Esto no es como armar un escenario de fantasía?
–No, perdóname... Demasiadas cosas en la vida política resultan distintas de lo que algunos dijeron o pensaron. Para eso estamos en política, ¡para cambiar los escenarios! Esa es la diferencia entre alguien que conduce con alguien que está en política sólo por estar en el poder. Entonces, tú me dices: “Lavín no quiere”... Yo sé que no quiere, me parece incluso razonable y legítimo que no quiera, después de todos los esfuerzos y sacrificios familiares y personales que tuvo. Pero, al final, si la UDI entendiera que él es una opción y todos fuésemos capaces de respaldar ese liderazgo, no tengo ninguna duda que nos posicionaríamos con una opción presidencial con mucha rapidez.
–O sea, definitivamente para usted Piñera no asegura el triunfo.
–El triunfo lo asegura mucho más Lavín. Ese argumento de ser “humanista cristiano” para convencer al centro, mueve a 12 familias en Chile y son los que veranean en Zapallar y Cachagua. Pero ése es un segmento muy reducido. Los dos, tres o cuatro puntos que nos faltan no están ahí.
–Pero la UDI tampoco se la ha jugado para que Lavín sea su abanderado. Más aún, lo han criticado por sus salidas.
–Reconozco que me sorprenden esas críticas, porque Lavín tiene ganado un espacio, por su estilo. Me parece que la UDI tiene en Lavín una gran opción, pero hay que respetarlo. Joaquín tiene un discurso, un estilo, una credibilidad en su forma de hacer política. El partido no lo puede cambiar ni exigirle conductas que son reñidas con ese estilo. Mucha gente criticó que él aceptara la invitación de la Presidenta de incorporar la Comisión de Equidad. A mí me parece que si él no la hubiera aceptado, habría sido la negación de su estilo.
–Usted ha dicho que la UDI ya no tiene tiempo para posicionar un candidato. ¿De qué sirve nombrar a alguien ahora?
–Lo que digo es que se ha perdido mucho tiempo y, de verdad, aún no entiendo por qué. Creo que la UDI, por la forma en que ha tomado estas decisiones, va a llegar a abril de 2009 sin un candidato bien posicionado y sin una estrategia partidista, que es lo que yo hubiera hecho. Lamentablemente, cuando planteaba todo esto, yo también estaba involucrado, entonces me pasó que por primera vez la estrategia o las decisiones que creía que había que tomar pasaban por algo personal. Por eso me sentí muy incómodo.
–¿Y usted no estaría dispuesto a repensarlo?
–No.
–¿Aunque se lo vengan a pedir de rodillas?
–La gente me conoce...
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