domingo, 6 de abril de 2008

Yasna y el precio de ser minoría

Domingo 6 de abril de 2008

Yasna y el precio de ser minoría
Como ocurrirá de hecho en el desenlace de esta acusación constitucional, esos votos serán hasta el fin del período presidencial un verdadero factótum, la piedra angular de todas las decisiones que se tomen a nivel parlamentario.



Max Colodro

Puede que la suerte de la ministra Provoste no esté aún echada, pero lo que es ya una cuestión innegable es que el actual Congreso ha empezado a plasmar una realidad política nueva, difícil y compleja para el oficialismo. Ese es el quid de este asunto, mucho más que una revisión exhaustiva o puramente 'jurídica' de la actuación de la ministra en el caso subvenciones. Y es bueno tenerlo claro para no andar luego combatiendo molinos de viento. Todo lo que ocurra de aquí en adelante hasta el término del mandato Bachelet tendrá este mar de fondo: el de una coalición política que se esfuerza con buenas o malas tácticas para alcanzar la mayoría, y otra que desesperadamente y sin mucha lucidez intenta no dejar de serlo.

Hoy ya resulta indiscutible que la decisión de sectores concertacionistas de marginar o expulsar a parlamentarios de sus filas fue una mala alternativa, que impondrá costos muy altos al Gobierno y a la coalición en estos dos años. Los que vieron la salida de los ex colorines de la DC como una posibilidad de 'calmar aguas' o de 'extirpar un cáncer', según llegó a decir el ministro Pérez Yoma, se enfrentan ahora no con la mejoría del paciente, sino con la metástasis instalada en el corazón del Poder Legislativo, teniendo la 'enfermedad' un espacio casi infinito para dificultar la gestión de gobierno. Como ya había ocurrido en la última negociación de recursos para el Transantiago o en la conformación de las mesas del Congreso, el oficialismo se ve otra vez en la paradójica condición de rehén de la minoría independiente, sometida a la voluntad y la decisión de un pequeño grupo de parlamentarios, que fueron deliberadamente alejados para no tener que contar con ellos. Es de imaginar cómo serán en los próximos días las presiones, los chantajes y los intentos de persuasión del Gobierno sobre los cuatro integrantes del bloque independiente de la Cámara Alta. Pero, la verdad, resulta casi una desfachatez exigir ahora lealtad con la Concertación a aquellos que terminaron siendo denostados y marginados de ella.

Se abre así un período políticamente muy delicado para la coalición de gobierno, obligada a transitar por el campo minado de una oposición que quiere 'desalojarla' del poder y por la capacidad de desempate de un sector ya 'desalojado' por la Concertación de sus propias filas. En rigor, ese sector minoritario tiene hoy en su bolsillo una posición absolutamente estratégica, en la medida en que posee la llave para desequilibrar cualquier votación. Ello sin contar con que, como se ha vuelto costumbre, en las decisiones emblemáticas siempre aparecen parlamentarios oficialistas dispuestos a desmarcarse de sus partidos y su coalición. Como ocurrirá de hecho en el desenlace de esta acusación constitucional, esos votos serán hasta el fin del período presidencial un verdadero factótum, la piedra angular de todas las decisiones que se tomen a nivel parlamentario. Así, ha quedado muy tempranamente en evidencia que aquellos que apostaron por la salida de esos sectores como una manera de limpiarse el camino, se equivocaron medio a medio. Y el gobierno que tranquilamente observó o avaló medidas disciplinarias hoy comienza a ser el principal damnificado. Pero todavía queda demasiado tiempo y mucha agua que correr bajo este puente.

La interrogante de fondo que ha sido planteada a partir de este nuevo cuadro político es si la circunstancial mayoría generada en el Congreso producto de la sangría oficialista terminará al final por cristalizar en una mayoría política y electoral suficiente para ser una real amenaza al proyecto de la Concertación. Esa es la gran pregunta de estos días, y para conocer su respuesta definitiva habrá que esperar quizás hasta la noche de ese domingo en que se entregue el resultado de la próxima elección presidencial. En todo caso, el daño ya está hecho y la Concertación no tiene más alternativa que remar con aquellos que van quedando sobre cubierta.

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